El primer grande de París

Por David Fernández (@DavidFer_).

A comienzos de la década de 1930, Francia quiso seguir la estela del resto de países potentes de Europa. En ellos se estaba dando un fenómeno poco trascendente muchas veces en el desarrollo de la vida cotidiana de una sociedad: la profesionalización de un deporte. En este caso, de un invento procedente de las islas británicas que tenía un desarrollo muy simple –conducir un balón con el pie– y un objetivo algo más complejo –introducirlo en un espacio semicerrado y protegido por un jugador–. El fútbol iba a ser mucho más trascendente de lo que se pensó en un principio, porque sería un componente fundamental de la sociedad y el ocio europeos y americanos desde el momento en que inició su arraigo, y en Francia no iba a ser menos. En 1932 se compuso y se disputó la primera edición de lo que hoy es la Ligue 1. Como habitualmente ocurre en todos los países, uno o varios equipos representan a la capital estatal. París no iba a ser menos. El Círculo Atlético, el Club Français, el Red Star y el Racing Club eran el orgullo capitalino dentro de una liga que tenía representantes de casi todos los enclaves trascendentes para la vida del país. Pero solo uno, y pronto, alcanzaría la gloria. El Racing Club, popularmente conocido como Racing de París.

La primera liga se fue al norte, concretamente a Lille (Olympique Lillois). La segunda, al sur, a la ciudad de Sète, en la costa sur. La tercera al este, casi a Suiza, a Montbéliard (Sochaux). Fue en la cuarta entrega del campeonato, en su edición 1935-36, cuando se dio una gesta que impide que hoy, casi un siglo después, no nos olvidemos de este equipo. El Racing Club se proclamaba campeón de la renombrada como “Division 1”. Pero no bastó con eso, sino que ganó la Copa. Rápidamente se convirtió en élite y referencia del fútbol nacional, porque además de ser el grande de la ciudad grande, ganó prestigio conquistando otras 4 Coupe de France más y, algunas, en plena Segunda Guerra Mundial (1939, 1940, 1945, 1949). Con el transcurso de los años, el Racing de París logró tener una imagen arquetípica del club que aunque no gane siempre es duro de vencer y pelea por títulos. El único tropiezo hasta la década de los 60 fue de índole deportivo: un descenso. En 1953, el equipo experimentó una disminución de calidad en su plantilla y acabó en puestos de descenso. Pero logró volver rápido, como equipo peleón que era. Se lo planteó como un reto, y en el verano de 1954 ya planificaba de nuevo una temporada en la élite.

A finales de los 50 y comienzos de los 60, el Racing volvía a puestos altos de la tabla. Dos terceros puestos consecutivos fueron el aperitivo de dos subcampeonatos, también consecutivos, y de una participación en competición europea. Por entonces, la Copa de Ferias era de forma no tan oficial como ahora la segunda competición continental por detrás de la Copa de Europa. La participación de los clubes pasó de depender de si en su ciudad se realizaba una Feria a regularse por invitaciones de la organización. Una de ellas recayó en el Racing, que decidió responder positivamente a una llamada europea motivada por el crecimiento experimentado en la liga local en esos años. Disputó y perdió por un global de 4-2 los Dieciseisavos de Final de la edición 1963-64 ante el Rapid de Viena austriaco. Durante esa temporada algo iba mal en liga. El equipo no respondía y se estaban repitiendo sensaciones ya vividas once años antes. El cuadro capitalino, que ya había acabado en una mediocre décima plaza el curso 1962-63, finalizaba decimosexto y descendía. Se quedó a un punto de cuatro equipos que salvaron la categoría, entre los que se encontraba un rival ciudadano como era el Stade Français. Descendió el Racing, y en esa temporada cayó junto a otros dos equipos históricos como el Reims y el Nice.

El descenso de 1964 no fue como el de algo más de una década atrás. La afición parisina se mostró excesivamente cosmopolita y dejó de prestar su apoyo al club como lo hizo en los momentos de gloria. La pérdida de aficionados implica la reducción de ingresos procedentes de la venta de entradas. Además, deudas pendientes en el pago de salarios y traspasos de futbolistas contribuyeron a que se instaurase el estado de crisis económica dentro del club. Sin dinero, los mejores jugadores se fueron, y fue difícil componer plantillas competitivas. Cada vez lo era más. El Racing Club solo sobrevivió dos temporadas a la Division 2 francesa, y en verano de 1966 descendió a las categorías inmediatamente inferiores, excluidas del profesionalismo. Su directiva intentó fusionarse con otros equipos profesionales de la ciudad para salvar ese estatus, como el Paris FC o el Paris Saint-Germain, e incluso con otros de ciudades lejanas como el Sedan, en las Ardenas, con quien estuvieron asociados hasta el bloqueo de la Federación Francesa en 1970 –jugaban algunos partidos de local en París y otros en Sedan–. Esta última etapa no es contabilizada en la historia del Racing de París sino que es un capítulo rocambolesco en la del equipo norteño, que recoge una anexión temporal interesada e inesperada.

Como suele ser frecuente, generalizar porque sí es siempre indebido. No toda la afición parisina pecó de “exceso de cosmopolitismo”. Hubo un aficionado del Racing de París que de niño disfrutó con los éxitos y sufrió los malos momentos de su equipo y que seguía siendo hincha del mismo. Ese niño, que para 1981 ya era adulto, se llamaba Jean-Luc Lagardère, un empresario con mucho poderío económico en Francia y que encabezaba los organigramas del grupo Matra, una compañía que desarrolla aeronáutica, armamento y vehículos de automoción. A finales de ese año decidió invertir en el fútbol y recuperar la grandeza pasada de su Racing con el sello y el capital de su empresa.

Para la temporada 1982-83, el Racing Club se encontraba en la tercera categoría del fútbol francés, y otro equipo parisino menor creado a finales de los 60, el ya mencionado Paris FC, se encontraba en la segunda división. Lagardère intentó influir en la directiva de ambas instituciones para garantizar, con su apoyo económico, una fusión. Esta permitiría al “Racing resultante” jugar en el fútbol profesional de nuevo e intentar ascender a la élite con las garantías económicas que el dirigente de Matra estaba dispuesto a ofrecer. No obstante, la directiva del Racing Club rechazó al desconocer la deuda de un Paris FC cuyas cuentas no eran del todo transparentes. Ante esa negativa, Lagardère no desistió, y mientras planificaba nuevas estrategias, compró en su totalidad al Paris FC y proporcionó recursos económicos suficientes como para que el Racing Club pudiese jugar sus partidos en el Estadio Olímpico de Colombes, a las afueras de París, sede de muchos eventos deportivos importantes a nivel internacional, como la Final del Mundial de fútbol de 1938.

Lagardère, ya con el control total del Paris FC, lo rebautizó como “Racing Paris 1” y le aclaró las cuentas a la directiva de un Racing de París dispuesto a aceptar una fusión que simbolizaría la unión ya no de dos equipos sino de dos partes de un mismo todo (por la intervención de Lagardère). Los gestores del Racing Club decidieron fusionarse tras la temporada 1982-83 si el Racing Paris 1 no descendía a la tercera división. Durante esa temporada, los “dos” clubes convivieron, e incluso pudieron cruzarse en eliminatoria directa de la Copa. En verano de 1983 el otrora Paris FC logró mantenerse en segunda, y se produjo la fusión. Las directivas ya eran una. Sin embargo, el tratamiento de los dirigentes al nuevo club parecía transmitir que no se había producido del todo una “fusión”, tal y como se conoce el concepto. Antes del inicio de la temporada 1983-84 se aprobó que los mejores jugadores de las primeras plantillas de los clubes constituyentes de la nueva entidad permaneciesen en el nuevo equipo, que mantendría el nombre y los colores del legendario Racing, mientras que los jugadores del filial y la cantera formarían una segunda entidad, que recobraría el nombre de Paris FC y que competiría por separado. La Federación Francesa acabó por mandar a este nuevo Paris FC (que incluía tras su nombre oficial un “83” para distinguirse del anterior) a la cuarta división por irregularidades estructurales. El Racing Club había absorbido de iure al Paris FC y, por iniciativa de Lagardère, había regresado al profesionalismo.

El dueño de Matra introdujo capital para fichar a jugadores de calidad y devolver al Racing de París a la Division 1. Uno de ellos, quizá el de mayor renombre, fue el delantero de por entonces 25 años Rabah Madjer, que acababa de despuntar con Argelia en el Mundial de España 1982.


Una vez en la primera división, el equipo no logró asentarse y recuperar hábitos de tiempos pasados. Como le pasara en 1953, descendió para volver a ascender. Un equipo maduro que recuperaba las cifras de aficionados captados de los tiempos de éxito. El equipo pasa a llamarse, como se podía prever, Matra Racing Paris. Los francos de Lagardère permitieron ver por la Ciudad de la Luz a jugadores míticos como “El Príncipe” Enzo Francescoli, Pierre Littbarski, Luis Fernández o Sonny Silooy, y a entrenadores como Artur Jorge, que atraído por el sueldo dejó el cargo de entrenador de un FC Porto al que acababa de hacer campeón de Europa en 1987 ante el Bayern München con un gol del mencionado Madjer, que se había ido tras el primer ascenso de la era Lagardère.

La paciencia de Matra se agotó con el avance de la década. Decimoterceros en 1987 y solo séptimos en 1988. Durante la temporada 1988-89 el equipo se acercaba al final de la liga en puestos de descenso. Lagardère se cansó y abandonó al que un día fue su Racing en abril de 1989. A la deriva, el club logró llegar a la Final de Coupe de France en 1990 (perdida en la prórroga ante el Montpellier HSC por 2-1 con jugadores de nivel fichados antes por Matra como David Ginola o Pascal Olmeta), pero no salvarse. Sin dinero de nuevo, la entidad vivió una desbandada general. Desde la directiva hasta los jugadores, pasando incluso por algunos operarios. La entidad se vio forzada a perder el nombre que tenía y renombrarse, como antiguamente, Racing Paris 1. No pudo pagar en verano de 1989 la licencia para competir en la Division 2, y de nuevo tuvo que volver a las categorías no profesionales.

La desaparición estuvo cerca. Fue una posibilidad real que se evitó de forma sorprendente y muy afortunada. Desde comienzos de la década de 1990, el Racing Club deambula por las divisiones inferiores a la tercera en Francia, sin que nadie los recuerde ante la pujanza de un Paris Saint-Germain que parece en la actualidad el único equipo de la ciudad de la Torre Eiffel. Ha cambiado varias veces de nombre y de estadio, ha perdido masa social y no ha logrado captar aficionados al estar hundido y no poder resurgir. En la actualidad compiten con el nombre de Racing Club de France Colombes 92, juegan en el –ahora– pequeño Estadio Olímpico de Colombes y disputan uno de los muchos grupos que tiene la quinta división, en inferior categoría que aquellos otros equipos parisinos que empezaron junto a ellos, como el Red Star, u otros que tienen menos historia pero más presente, como el refundado Paris FC o el Paris Saint-Germain. Aunque son humildes, miembros de generaciones jóvenes que siguen animando al Racing en su día a día presumen de la liga que sus abuelos vieron ganar.

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