El club más yankee de Paraguay

Por Diego G. Alonso (@Diego_G_Alonso).

En la segunda mitad del siglo XIX, Paraguay era un país próspero, con educación pública y un ejército bien nutrido. Exportaba tabaco, contaba con ferrocarril, telégrafo, fundición de hierro y tenía una industria papelera y textil que comenzaba a crecer. Sin embargo, en 1964, el reciente elegido presidente paraguayo Francisco Solano López, militar de sólida formación y firmes convicciones patrióticas, se erigió pronto como líder de la heroica resistencia paraguaya en la que iba a convertirse en una terrible contienda que alteraría el clima político en el territorio sudamericano: la Guerra de la Triple Alianza.

El epicentro de este conflicto bélico estaba en Uruguay, que se encontraba amenazado por una inminente intervención brasileña y argentina debido a su delicado panorama de divisiones internas. Solano López, que tenía la firme intención de auxiliar a Uruguay, decidió enviar a sus tropas al país vecino, pero estas recibieron la negativa posterior a su paso por el territorio argentino que iba a llevar al desencuentro de las dos partes. A raíz de este primer encontronazo entre países se produciría el detonante de una guerra que cada vez parecía más cercana. Solano López advirtió a los gobiernos de Brasil y Argentina que consideraría cualquier agresión a Uruguay “como atentatorio del equilibrio de los Estados del Plata”, pero haciendo caso omiso de las palabras del líder guaraní, tropas imperiales invadieron territorio uruguayo en octubre de 1864. Posteriormente, el 12 de noviembre de 1864, en represalia por la invasión brasileña, el gobierno paraguayo se apoderó de un buque mercante brasileño y del gobierno de la provincia brasileña de Mato Grosso, dando así inicio a la llamada Guerra de la Triple Alianza que contaba con los ejércitos argentinos, uruguayos y brasileros, aunque más tarde Solano López quedaría solo ante ellos tras la renuncia del presidente uruguayo.

En un principio, los combates tuvieron como escenario el territorio argentino, pero pronto se trasladaron a Paraguay. Decenas de miles de soldados murieron en terrenos selváticos, diezmados por la férrea defensa paraguaya y por enfermedades como el cólera, la disentería y el paludismo. Solo en la batalla de Tuyutí cayeron alrededor de 17 000 hombres del ejército aliado. Curupaytí fue otro terrible escenario en el que los aliados fueron derrotados y en el que contaron con más de 4 000 bajas, hecho que provocó que en Argentina muchas fueran las voces que se alzaron en contra de la guerra, pues gran parte del pueblo argentino entendía que Paraguay no era un enemigo histórico de su país como sí lo era, por ejemplo, Brasil. En cualquier caso, el conflicto bélico iba a dar un vuelco en poco tiempo. Los recursos humanos y materiales de los aliados terminarían imponiéndose y masacrando al pueblo paraguayo. Las fuerzas de la Triple Alianza entraron en Asunción en enero de 1869 e instalaron un gobierno proaliado. Un año más tarde lograron vencer al ejército paraguayo y acabar con la vida de Solano López en Cerro Corá, el 1 de marzo de 1870.

La guerra había dejado unas consecuencias desastrosas para Paraguay donde la población había disminuido drásticamente (el país perdió entre el 50% y el 85% de su población y quizá más del 90% de su población masculina adulta) y su economía, floreciente y cercana a la autosuficiencia había sido devastada. Para colmo, a pesar de que el conflicto armado había terminado, aún continuaba la disputa por el Chaco, una enorme extensión de tierra en la región suroeste de Paraguay que suponía el 60% del territorio guaraní. El contexto de un Imperio Brasileño acosado por los problemas económicos y un gobierno argentino que deseaba solucionar la cuestión con Paraguay para atender otros problemas emergentes con Chile llevó a los negociadores a acordar en 1877 que un personaje imparcial actuase de árbitro para decidir definitivamente los límites en el Chaco Boreal. El elegido fue el 19º Presidente de los EEUU Rutherford B. Hayes que, en vista de las exposiciones y documentos presentados por Paraguay, fue conmovido por las penurias del país sudamericano que prácticamente había lapidado su futuro por entrar en una guerra en la que tenía más que perder que ganar. Así pues el presidente americano dictó su fallo el 12 de noviembre de 1878 a favor de Paraguay, lo que suponía que el país se quedaba con el territorio comprendido entre el Chaco y la Villa Occidental.

“Hago saber que yo, Rutherford B. Hayes, presidente de los Estados Unidos, debiendo tomar un veredicto, y tomando en consideración las referidas exposiciones y documentos, venga a decidir por el presente que la expresada República del Paraguay tiene legal y justo título a dicho territorio, situado entre los ríos Pilcomayo y Verde, así como la Villa Occidental comprendida dentro de él”

Laudo arbitral del presidente Rutherford Hayes, emitido el 12 de noviembre de 1878

Como es lógico, este acontecimiento supuso una gran alegría para la población guaraní que tras más de una década de trifulcas, hambrunas y epidemias veía como su pueblo recibía una noticia que daba esperanzas a una nación sumida en la miseria. La figura de Rutherford Hayes comenzó a adquirir entonces una razonable mitificación en Paraguay donde el presidente americano era visto como un auténtico salvador después de haber devuelto la dignidad al pueblo paraguayo y se creía que su trascendencia en Estados Unidos como presidente era equiparable a la de Abraham Lincoln. Al mismo tiempo que se producía  esa veneración al presidente estadounidense comenzaba una época de cambio para Paraguay en la que el deporte comenzaba a adquirir una gran importancia, sobre todo en el caso del fútbol (a pesar de que éste llegó a Paraguay con retraso respecto a otros países sudamericanos). El nacimiento de clubes que a la postre se convertirían en referencias a nivel nacional e incluso continental como es el caso de Olimpia, Guaraní o Cerro Porteño contribuyeron al afianzamiento del balompié en todo el país.

En 1907, con apenas un año de fútbol oficial, un grupo de vecinos de la actual Plaza Italia del barrio de Tacumbú en Asunción decidían fundar un club que comenzó gestándose en casa del que iba a ser su primer presidente, Ramón Lond. En principio se había decidido que el club llevaría el nombre de Atlético Tacumbú, sin embargo, tiempo después, Lond tuvo una idea original que quiso poner en práctica. En un pueblo que comenzaba a salir a flote anímicamente refugiándose en la pasión del fútbol para aliviar su dolor después de haber vivido tantos años complicados, el mejor nombre como representación de la esperanza e ilusión que había sido devuelta a los paraguayos no podía ser otro: Club Presidente Hayes. La propuesta de Ramón Lond fue aceptada finalmente e incluso fue más allá. Además de que el nombre del equipo fuera un homenaje al presidente estadounidense, su escudo también supondría una particular honra a Estados Unidos. El emblema del nuevo club de Asunción llevaría un diseño similar al de la bandera estadounidense, con rayas rojas y blancas y estrellas por lo que sería conocido posteriormente como el club de las estrellitas. Además, sus continuos guiños al país norteamericano harían que su afición fuese tildada con el apelativo de los yankees. Un año después de la fundación del club, la inestabilidad política volvía a Paraguay (en este caso en cuanto a política interior se refiere) con el Golpe de Estado del 2 de julio. Este terrible y sangriento suceso, en el que murieron 150 personas y otras 300 resultaron heridas, ocasionó que 1908 fuese un año sin fútbol en Paraguay.

A mediados de los años 20 las aguas comenzaron a volver a su cauce en el país sudamericano, y este nuevo panorama propició la llegada de un nuevo concepto del fútbol. Los periódicos de esta época ya le daban más importancia al balompié y los periodistas comenzaban a escribir escuetas crónicas. La visita de la Selección argentina así como la iniciación de los Campeonatos Sudamericanos derivaron en una mayor seriedad en la preparación de la Selección Nacional. A pesar de todo, continuaban algunas absurdas reglamentaciones, especialmente, en lo que guarda relación con las protestas, que eran tratadas días después del partido y hasta se llegaban a anular determinadas jugadas impugnadas durante el juego. Así mismo, el sistema de elección de árbitros y las reiteradas ausencias de éstos a los partidos desprestigiaban y restaban credibilidad al deporte que a la sazón ya era el más popular en todo el país. El Club Presidente Hayes, por su parte, aprovechó el auge del fútbol en esta década para comenzar a destacar. En el decimocuarto Campeonato organizado por la Liga Paraguaya de Fútbol, en el cual participaron diez equipos, el Club Presidente Hayes reemplazó en Primera División al alicaído Marte Atlético y pudo finalizar la competición en un meritorio quinto puesto.

Sin embargo, los mayores logros para el club hayista no iban a llegar hasta la década de los 50 en la que el equipo contaba con una excelente plantilla integrada por jugadores de gran relevancia a nivel nacional como el eficaz central Cándido Duarte; el guardameta Rubén Noceda, que participaría con la Selección paraguaya en la Copa América de 1953 o el delantero Antonio Acosta que también en ese mismo año se convertiría en el máximo goleador de la Primera división paraguaya con 15 goles. En 1952 el Club Rutherford Hayes iba a lograr la mayor gesta de su historia al ganar la Liga Paraguaya. A pesar de haber ido durante toda la temporada por detrás del Libertad, el equipo yankee se aprovechó del flaqueo final del conjunto albinegro y se apoyó en su afición y su estadio, que en todos los partidos se alzaba como un campo inexpugnable; de ahí se que se ganara el sobrenombre de Fortín de Tacumbú.

‘‘Fue algo maravilloso porque pusimos garra y calidad en cada partido y, además, fuimos imbatibles y duros en nuestra cancha. Nos cuidamos y pudimos brindarle esa única satisfacción a la barriada de Tacumbú’’

Declaraciones de Cándido Duarte años después de ganar la Liga paraguaya

El flamante campeón paraguayo iba a participar, en enero de 1953, en un torneo internacional que se realizaría en Montevideo (junto con la Copa Rio Internacional llegó a ser uno de los torneos más importantes de la década ya que reunía a los equipos más importantes del momento) y que contaba con la participación de equipos europeos y americanos. El equipo de las estrellitas a pesar de su arrojo en todos los partidos y de las actuaciones estelares de su portero Escobar, solamente logró conseguir un tanto, contra el Dínamo de Zagreb ante el cual empató 1-1. Todos los demás partidos, contra Peñarol, Nacional, Botafogo, Fluminense, Colo-Colo y Austria de Viena, los perdió. De este modo finalizaba una etapa de sueños cumplidos para el modesto club de Asunción que, en las décadas posteriores, se tendría que conformar con lograr  cinco títulos de División intermedia como mayor hazaña y que en la actualidad es un equipo poco menos que desconocido para los paraguayos.

En Delaware (Ohio), ciudad natal de Rutherford B. Hayes, hay un monumento al fallecido presidente estadounidense. Es una placa que marca el lugar de nacimiento de Hayes y que, en estos momentos, se encuentra en las inmediaciones de una gasolinera. En Paraguay, la gente puede encontrar este hecho terriblemente ofensivo pues el país sudamericano está plagado de monumentos y estatuas en los colegios y en las calles en su honor. Incluso, hay una ciudad en Paraguay llamada Villa Hayes, que se encuentra situada en medio de una provincia que lleva también el nombre del presidente y que es, aproximadamente, del tamaño de Carolina del Sur. Así pues, la creación del equipo del barrio de Tacumbú supuso una forma más de ensalzar la figura de aquel presidente que cambiaría el futuro la nación guaraní.

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